lunes, 15 de mayo de 2017

El Laudo Arbitral por las islas del canal de Beagle.



   Por: María Laura Brito.

  El 2 de mayo de 1977, se daba a conocer el laudo del tribunal arbitral, presidido por la reina Isabel II de Inglaterra, sobre la disputa por el trazado del Canal de Beagle.  En aquella fecha,  se anunció la decisión de mantener la frontera aproximadamente por el medio del canal asegurando la navegación para ambos países (en concordancia general con la línea solicitada por Argentina hasta las proximidades del islote Snipe), y de conceder a Chile la soberanía de las islas Picton, Nueva y Lennox, principal razón de discordia.  
     El arbitraje del gobierno británico fue solicitado por ambos países el 22 de julio de 1971, siendo presidentes Alejandro Lanusse y Salvador Allende. La corte arbitral se constituyó por cinco jueces integrantes de la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya (concesión al deseo de Argentina de recurrir a ese tribunal) quienes fueron elegidos en consenso por ambos países y debían entregar su fallo al gobierno británico, que finalmente lo aprobaría o rechazaría sin modificarlo. De los cinco jueces, uno era británico.
     Las partes litigantes no pudieron reducir el problema a una única solicitud de resolución, por lo que cada una presentó la propia. Por Argentina, la solicitud fue la determinación de la línea del límite entre las respectivas jurisdicciones marítimas de la República Argentina y la República de Chile desde el meridiano 68º 36´ 38.5" W., y, en consecuencia, debía declararse que las islas Picton, Nueva y Lennox e islas e islotes adyacentes pertenecían a la República Argentina. Por su parte, la solicitud de Chile solo se centraba en la adjudicación de dichas islas, islotes adyacentes y las demás islas e islotes cuya superficie total se encuentra íntegramente dentro de la zona que fue indicada como un polígono de seis puntos en forma de “L”  acostada hacia abajo, el martillo del laudo (remitirse a imagen).
     A pesar de sus diferencias en la interpretación, la corte arbitral observó que ambos litigantes estaban de acuerdo en que sus derechos sobre el área disputada estaban gobernados exclusivamente en el Tratado de Límites de 1881,  por lo que la corte se reservó el derecho a recurrir a cualquier otra consideración jurídica válida y relevante.
     Dicho Tratado tenía como fin establecer un acuerdo completo, definitivo y final de todas las cuestiones territoriales pendientes en ese momento entre ambos países, por lo que ningún territorio disputado había quedado sin asignar, incluso si las demarcaciones quedaron para resolver posteriormente o existían diferencias de interpretación sin resolver. De hecho, la corte comprendió que ambas partes estaban de acuerdo en que el Tratado fue un compromiso entre las dos reclamaciones rivales a los mismos territorios, pero discrepaban sobre el carácter de ese compromiso y de qué reclamaciones territoriales estaban cubiertas por él.
     Para Argentina los tres primeros artículos del tratado eran independientes entre sí, siendo cada uno un sector distinto, mientras que para Chile debían interpretarse como un todo, no pudiéndose comprender plenamente cada uno por separado sin el concurso de los otros. La corte arbitral coincidió en ese punto con la opinión chilena.
     Chile expresó que el aspecto esencial del tratado fue su renuncia a la Patagonia propia (al norte de la línea punta Dungeness-paralelo 52° Sur y al este de los Andes) a cambio de la renuncia argentina a toda reclamación magallánica, incluyendo el reconocimiento de su exclusivo control sobre el estrecho de Magallanes y de todas las costas e islas al sur de la línea punta Dungeness-Andes hasta el cabo de Hornos. Argentina rechazó completamente ese punto de vista, expresando que el país trasandino nunca tuvo ninguna reclamación válida sobre la Patagonia propia, considerando que nunca entró en el compromiso, y que las definiciones del tratado sobre sus límites eran solo un reconocimiento a los títulos argentinos ya adquiridos sobre ella, por lo que se reconoció a Chile el área magallánica a cambio del reconocimiento chileno al principio atlántico de Argentina, correspondiéndole todas las islas al oriente de la Tierra del Fuego que estén sobre el Atlántico.
     La corte arbitral compartió la posición chilena y aceptó que las relaciones sistémicas y el contexto político se expresan más por una alternativa "Patagonia por Magallanes" que por una alternativa "Magallanes por Atlántico", dado que la palabra “pertenecerán” en el párrafo Los territorios que quedan al Norte de dicha línea pertenecerán a la República Argentina del artículo 2 significa una atribución de territorio. Caso contrario debería haber dicho “pertenecen”.
     La sentencia de la corte arbitral fue dada a conocer al gobierno británico el 18 de febrero de 1977 y fue el resultado de un análisis de los derechos jurídicos de ambos países sobre la zona disputada en el marco de los principios del derecho internacional y de los tratados vigentes. Para ello, ambos países presentaron memorias, contramemorias, réplicas y alegatos en forma de documentos y argumentos que, según su interpretación, respaldaban sus derechos sobre la zona y luego defendieron oralmente ante los jueces sus respectivas tesis. Los escritos acumulados sumaron 14 volúmenes por Chile, entre los cuales había 213 mapas, y 12 volúmenes por la Argentina con 195 mapas.
     Sin embargo y tras el anuncio oficial, el 25 de enero de 1978 el canciller argentino comunicó al embajador chileno en Buenos Aires que su gobierno declaraba nulo al laudo arbitral, lo cual fue contestado al día siguiente por el gobierno chileno rechazando la declaración de nulidad. 
El 20 de febrero de 1978 Argentina y Chile firmaron un acuerdo en Puerto Montt, estableciendo las bases de negociaciones para resolver sus diferencias, pero hacia fines de año la guerra parecía inminente. La intervención del papa Juan Pablo II hizo que el 8 de enero de 1979 los dos estados firmaran el Acta de Montevideo, con la mediación de la Santa Sede.

     El Conflicto del Beagle fue finalmente solucionado con la firma del Tratado de Paz y Amistad varios años después,  el 29 de noviembre de 1984, lo que constituyó una transacción entre las dos partes. Aunque el Laudo Arbitral no es mencionado en el Tratado, éste adoptó como ya definida la frontera marítima en el canal Beagle y la pertenencia a Chile de todas las islas que el laudo le adjudicaba, y aquellas reclamadas por Argentina que estaban fuera del "martillo", al este del meridiano del cabo de Hornos.

Fin de la primera ocupación militar estadounidense en Cuba

Por: Paula María Espinosa

“El vencido colonialismo español se vería sustituido por una nueva forma de dominación, el neocolonialismo de Estados Unidos”

Concepción Pianos Viñals
En 1898 se llevó a cabo la guerra hispano-americana, un conflicto bélico que enfrentaba a Estados Unidos y España, en la cual Cuba luchaba por su independencia aliada a Estados Unidos. Terminada la guerra el triunfo fue para Estados Unidos que se auto-proclamaba liberador, al cual España se vio obligado a entregarle Puerto Rico, Guam, Filipinas y Cuba.
El 1° de enero de 1899, Estados Unidos tomaba posesión de Cuba con la primera intervención militar americana legitimada por el Tratado de Paris de 1898. El primer gobernador militar impuesto fue John R. Brooke. A partir de esto se incluye en la Constitución cubana la Enmienda Platt que ratificaba el derecho de Estados Unidos a intervenir en asuntos internos de Cuba y además el arriendo de territorios para bases navales y carboneras, como la Base Militar de Guantánamo vigente hasta el presente. Desde el orden militar se ordenó el desarme general y el desmembramiento de las instituciones revolucionarias.
La idea de convertir a Cuba en territorio americano alteraba a gran parte de la sociedad y debido a ese rechazo cobró mayor fuerza la idea de “americanizar” la isla mediante la transformación social y el fomento de la inmigración que introdujera la idiosincrasia americana.
El objetivo real de Estados Unidos no fue ayudar a Cuba en su tránsito a la independencia sino crear un mercado de tierra para abrir paso a los inversionistas, la penetración de capitales se dio en sectores como la industria tabacalera y la minería. La situación favorecía al país anglosajón debido a que Cuba sufría las desventajas de la escasez de capitales que colocaba a su población en una situación vulnerable para poder restablecer sus negocios. Esto la llevaba a la necesidad de aceptar la intervención por su poca capacidad de crear un gobierno sólido y a la urgencia que tenia de salir de esa situación.

Finalmente en 1902 se organizaron elecciones en la isla que daría el triunfo a Tomas Estrada Palma, con este suceso el general Wood se retiró hacia su país y se puso fin a la primera ocupación militar.

lunes, 24 de abril de 2017

La declaración del Presidente Wilson al Imperio Alemán: Estados Unidos entra en la 1º Guerra Mundial.



Por: Juan Martín de Chazal

En los conflictos entre europeos nunca hemos participado, porque no corresponde a nuestra política. Sólo cuando nuestros derechos se vean dañados, o seriamente amenazados, será cuando haremos los preparativos para nuestra defensa”. Con estas palabras en 1823, el entonces presidente James Monroe enfatizó la política exterior aislacionista por parte de Estados Unidos (EE.UU) respecto a los asuntos trasatlánticos. Casi un siglo después, dicha postura cambiaría rotundamente un 6 de abril de 1917 cuando el Congreso declaró la guerra al Imperio Alemán. Fue entonces que el gigante americano entró a la Gran Guerra del lado de los países de la Entente, produciendo un giro trascendental en el desarrollo de la contienda.
Al estallar la guerra en 1914, EE.UU permaneció neutral. Pese al extraordinario crecimiento experimentado durante los años de la Segunda Revolución Industrial, el país aún no había cerrado completamente sus heridas, tras cinco décadas de finalizada su Guerra Civil. En este sentido, la población veía lejana la participación americana en un conflicto en el Viejo Continente, lo que impulsó al demócrata  Thomas Woodrow Wilson, presidente de la nación, a continuar propugnando un estricto aislacionismo… ¿Cómo se produjo entonces la decisiva entrada estadounidense en la Primera Guerra Mundial?
Durante el conflicto, en su intento de romper el bloqueo británico, Alemania inició una guerra submarina que abarcó diversas etapas. Con el transcurso del tiempo la misma se fue intensificando, hasta el punto de convertir en objetivos militares a barcos mercantes no armados que se encontraran en zonas de guerra. Tanto en el hundimiento del barco de pasajeros británico Lusitania en 1915, como en ulteriores torpedeos, habían perdido la vida muchos ciudadanos estadounidenses; un hecho que movilizó a la opinión pública del país a inclinarse hacia una posición anti-germana. Por otra parte, EE.UU veía amenazada la libertad de los mares y del comercio, por lo que Washington – a pesar de mantener la neutralidad – renovó sus esfuerzos por conseguir un entendimiento diplomático en Europa. Sin embargo, los numerosos llamamientos a la paz ofrecidos a los países beligerantes no prosperaron y las posiciones de las partes resultaron cada vez más irreconciliables.
En enero de 1917, Wilson pronunció un célebre discurso ante el Senado para conseguir una “paz sin vencedores ni vencidos”. Pese a esto, la guerra submarina perpetrada por el  II Reich ya había iniciado en ese mismo año su etapa de “total e ilimitada”. Como resultado de la misma, ocho barcos estadounidenses fueron hundidos; el 3 de febrero de 1917, el presidente decretó la inmediata ruptura de relaciones diplomáticas.

 Ante la eventualidad de la entrada de EE.UU en la guerra - lo que supondría un quiebre en los equilibrios de fuerzas - Berlín envió una propuesta de alianza hacia México: el denominado Telegrama de Zimmermann (llamado así por el apellido de su emisor, el Ministro de Asuntos Exteriores de Guillermo II) en el que se prometía al país latinoamericano recuperar algunos de sus territorios perdidos décadas atrás en el conflicto con su vecino del norte. Cuando el servicio de inteligencia británico interceptó el documento, EE.UU tuvo en claro que Alemania era su enemigo: a petición del presidente, el 6 de abril de 1917 el  Congreso le declaró finalmente la guerra.

La Independencia de Bosnia-Herzegovina



Por: Liz Guyot

            Bosnia-Herzegovina es uno de los seis países federales que nacieron después  de la disolución de la antigua Yugoslavia.
Fundado en 1918 y bautizado en 1929 como Yugoslavia (Eslavia del sur), este Estado surgió a partir de una conjunción de pueblos étnica y económicamente muy distintos. De hecho, las tensiones políticas, sociales y económicas que se desarrollaron en su seno, no se resolvieron hasta la finalización de la IIª GM. Yugoslavia se creó como una monarquía y estaba integrado por: Serbia, Montenegro, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia. Hasta la finalización de la Primera Guerra Mundial, todas estas naciones habían permanecido sometidas a la hegemonía de dos imperios: el de Austria-Hungría o el Turco-Otomano.
 Específicamente, Bosnia-Herzegovina había pertenecido al Imperio Austríaco pero, con anterioridad y durante siglos, había sido dominada por los turcos. Por lo tanto, su población era mayoritariamente musulmana y su cultura estaba fuertemente influenciada por los otomanos.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, Yugoslavia se convirtió en República Federativa y el Mariscal Tito asumió como presidente. En principio, Yugoslavia se integró al Bloque Soviético; sin embargo, en 1948, y a raíz de una disputa entre Tito y Stalin, el país abandonó el Bloque e inició un gobierno socialista de auto-gestión, A pesar de muchas dificultades, Tito logró conducir adecuadamente su destino. Con su muerte en 1980, habría de iniciarse una nueva etapa para los pueblos balcánicos. 
           
Las guerras que terminaron con la disolución de Yugoslavia fueron especialmente crueles. La de Bosnia-Herzegovina se inició en 1992 y culminó en 1995. Participaron en ella diversos grupos armados e incluso, la OTAN que logró desarticular a las guerrillas serbias instaladas en gran parte de su territorio.

Finalmente, las tratativas de paz empezaron a considerarse partiendo de la base de un nuevo plan que sería negociado por las partes en conflicto. El presidente Clinton envió entonces un equipo de expertos negociadores y en noviembre de 1995, se firmó el Acuerdo Marco para la paz en Bosnia-Herzegovina que fue negociado en Dayton y puso fin a la guerra en la ex - Yugoslavia.
           

El 5 de abril de 1992 fue la fecha establecida para la declaración de la independencia de la República de Bosnia-Herzegovina.

jueves, 20 de abril de 2017

Del ascenso de Stalin, como líder del Partido Comunista

Por: Montserrat Acosta Ruiz de los Llanos
A partir de 1905, Rusia estuvo sumida en una crisis agónica en materia social, económica y política, que desencadenó una serie de sucesos. Entre los más importantes, podemos destacar los siguientes: en el mes de Febrero de 1917, el partido Menchevique encabezó la revolución que derrocó al zar Nicolás II Romanov. Poco tiempo después - en el mes de octubre - Vladimir Lenin, el líder del partido Bolchevique, llevó a cabo la segunda revolución; esta vez contra el Gobierno Provisional Menchevique e impuso el comunismo. En estas circunstancias, surgió la figura de Joseph Stalin, un revolucionario que - en principio - no tuvo mayor importancia pero que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los dictadores más atroces de la Historia.
 En 1918, se desató la guerra civil entre el ejército rojo (Bolchevique) y el blanco (anti-bolchevique). Durante este crudo enfrentamiento, muchas regiones del antiguo imperio, modificaron sus fronteras y se gestaron nuevas distribuciones de poder. En este contexto, Stalin ocupó el cargo de Comisario del Pueblo para las Nacionalidades, un organismo creado para velar por el respeto y la autonomía de los distintos grupos étnicos y culturales que convivían en el territorio ruso. Sin embargo, la política de Stalin tomó el camino contrario: aceleró la rusificación y el sometimiento de estas poblaciones, sobre las cuales aplicó el terrorismo de Estado impuesto por los dirigentes bolcheviques;
A finales de 1920, el ejército blanco fue derrotado y la revolución se consolidó. Desde entonces, se legalizó y se reforzó el uso arbitrario del poder. Debido a la profunda crisis que dejó la guerra, el gobierno impuso la represión sistemática a fin de acallar las huelgas, los disturbios y los motines que estallaban diariamente. Por otra parte, y a los efectos de impulsar la economía, Lenin decidió implementar la Nueva Política Económica (NEP), que implicaba un retorno moderado a la economía de mercado. Esto generó duras tensiones y polémicas dentro del gobierno pues representaba una contradicción flagrante contra el modelo socialista.
Uno de los dirigentes que no la aceptó fue Lev Trotsky, considerado por muchos la mano derecha de Lenin. En 1924, Lenin murió y la disputa por la asunción del poder se polarizó entre estas dos figuras. Para buscar el acuerdo de la cúpula del partido, Stalin desarrolló su teoría del “Socialismo en un solo país”; una fórmula que propiciaba la consolidación del socialismo en la URSS. Por su parte, Troysky apoyaba la idea de la “Revolución Permanente”, lo que implicaba la necesidad de extender el proceso tanto en el espacio como en el tiempo. La lucha por el poder se había disfrazado de argumentos ideológicos. El vencedor fue Stalin que convirtió al trotskismo en herejía y expulsó a su líder del partido; más tarde lo envió a Siberia y finalmente, en 1940, cuando éste se refugió en Méjico, lo hizo asesinar.
Desde 1925, Stalin se convirtió en Secretario General del partido y Premier de la URSS, cargos que ocuparía durante las próximas tres décadas y que le permitieron implementar un totalitarismo legitimado en la doble ética de la revolución y el proletariado. Durante su gobierno, Joseph Stalin reemplazó el proyecto marxista – leninista  por una serie de planes quinquenales, extendió el modelo a otros países vecinos y convirtió a Rusia en una gran potencia. Triunfó en la Segunda Guerra Mundial y desde entonces, compartió la hegemonía con Estados Unidos en el sistema bipolar que habría de mantenerse hasta 1991. Todo esto se hizo a costa de los pueblos de la URSS que sufrieron uno de los totalitarismos más crueles de la Historia.
Stalin murió el 5 de marzo de 1953. De acuerdo a los datos disponibles en la actualidad, se calcula que bajo su gobierno murieron entre 30 y 40 millones de personas, la mayoría de ellas, asesinadas por el propio régimen. Como sostiene Robert Service:

“Es indudable que el stalinismo fue el más totalitario de los Totatlitarismos no sólo por su carácter absoluto, sino sobre todo, porque su crueldad no respetó ningún límite y llegó a atacar a los propios camaradas que se habían jugado todo junto a su líder… Por otra parte, su nivel de fanatismo generó una suerte de hipnosis de masas que se tradujo en el culto a la personalidad. De hecho, la figura de este “zar rojo” fue exaltada de todas las formas posibles y en términos cada vez más excesivos.”

lunes, 10 de abril de 2017

Del bombardeo a Guernica: el ataque detrás de la pintura



Por: Jessica E. Petrino

Ocho décadas atrás, Pablo Picasso -uno de los artistas más ilustres y representativos del siglo XX- plasmó sobre un lienzo de casi tres metros de ancho por ocho de largo una de sus obras más ilustres: el Guernica. Su inspiración fue nada más ni nada menos que el bombardeo que había sufrido esa ciudad del norte de España unos meses atrás, el 26 de abril de 1937.
A pesar del reconocimiento de esta pieza artística, poco se habla sobre la realidad de este bombardeo que marcó un antes y un después en el desarrollo de la Guerra Civil española (1936-1939).
Aunque un mes antes un bombardeo había matado a más de 200 civiles en el pueblo español de Durango, la de Guernica fue la ofensiva más mortífera hasta ese momento dirigida a población no beligerante. El ataque fue perpetrado por la Legión Cóndor, la fuerza de aviación alemana que Adolf Hitler había puesto a disposición de Francisco Franco, acompañada de fuerzas italianas enviadas por Benito Mussolini.
Durante más de tres horas, 33 bombardeos surcaron los cielos españoles cargados con bombas explosivas e incendiarias que destruyeron todo lo que encontraron a su paso. Primero se atacó el puente y la ruta de acceso a la ciudad para impedir la retirada del ejército republicano y posteriormente se avanzó sobre el resto de la ciudad.
Se calcula que, solo en este ataque, fallecieron 1.600 personas y más de mil resultaron heridas. La población total del pueblo en ese momento era de alrededor de 5 mil habitantes, por lo que el desastre humanitario fue desolador.
Tan solo tres días después, los franquistas ingresaron al pueblo con el general Emilio Mola al frente. La ofensiva del Norte terminó con derrota para los republicanos a fines de 1937 y Franco pudo concentrar sus energías en tomar Madrid en los años siguientes.
Aunque este bombardeo no fue el más letal que tuvo lugar durante el conflicto bélico español, fue sin dudas el más resonante. El 1º de mayo de ese mismo año se organizó una masiva marcha en París con motivo de celebrar el Día del Trabajador, pero el tema de Guernica también salió a la luz en esa ocasión.
Entre los manifestantes que marchaban se encontraba Pablo Picasso, quien ya había recibido en enero anterior el encargo de una obra para el pabellón español de la Exposición Internacional de París que tendría lugar ese año. Fue luego de esa manifestación que el artista malagueño empezó los primeros bocetos de la que se transformaría en una de sus obras más emblemáticas.

“La pintura no está para decorar apartamentos, el arte es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo”, dijo el mismísimo Picasso sobre este cuadro, que ochenta años después de su creación sigue siendo un símbolo de destrucción y desesperación.

La invasión y Guerra de Malvinas


Por: María Sofía Zelaya.

El 2 de abril de 1982, la Argentina invadió las Islas Malvinas, lo cual dio inicio a la guerra con Gran Bretaña. En la madrugada de ese día, cinco mil efectivos del ejército argentino - bajo el mando del general Mario Benjamín Menéndez - desembarcaron en puerto Stanley, al que rebautizaron como puerto Argentino. Los cuarenta y nueve marines ingleses que conformaban la guarnición encargada de la vigilancia del archipiélago fueron capturados y trasladados a Montevideo junto con el gobernador de las islas, Rex Hunt.

El 24 de marzo de 1976, una junta militar formada por los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas de Argentina, habían dado un golpe cívico-militar. Así fue como el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Ramón Agosti se hicieron del poder político y económico en el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”. El mismo fue enmarcado en el Plan Cóndor y la Doctrina de Seguridad Nacional.

Durante los primeros años de la dictadura, el eje central de las decisiones era destruir a los grupos armados revolucionarios que amenazaban con tomar el poder. Sin embargo, con el paso del tiempo, la situación era cada vez más complicada. Por las decisiones tomadas por la Junta en materia económica, el país quedo sumergido en una de sus mayores crisis: inflación, devaluación y el incremento del déficit fiscal. A pesar de los intentos de los gobernantes por paliar la situación, nada parecía funcionar. Otro de los graves problemas que enfrentaba este gobierno fue la violación de los DDHH; específicamente, en lo referido a la represión contra las organizaciones armadas; una cuestión que no sólo fue repudiada por la población del país, sino también por la opinión pública internacional.

Después de Videla, gobernó Viola hasta 1981, quien dejó el cargo en manos de Leopoldo Fortunato Galtieri. El nuevo presidente decidió poner en marcha un plan que se venía gestando desde 1977: la recuperación de las Islas Malvinas.
Existe una importante polémica acerca de cuáles fueron las razones que impulsaron a Galtieri a concretar este proyecto. Muchos especialistas sostienen que fue producto de una improvisación circunstancial, mientras que otros piensan que fue una forma de ganar prestigio y credibilidad ante una sociedad que ya estaba en contra de la continuidad del gobierno militar.  Como fuere, el 2 de abril de 1982, las tropas argentinas desembarcaron en puerto Stanley, redujeron a los marines británicos y los trasladaron a Montevideo. El Reino Unido, que en ese año atravesaba una crisis política, logró que el Consejo de Seguridad de la ONU declarara a Argentina como “país agresor”, lo cual favoreció la posición de Gran Bretaña.   La guerra se prolongó hasta el 14 de Junio, día en el que Argentina se rindió. Este combate dejo un saldo de más de 600 argentinos muertos, miles de heridos y un número considerable de desaparecidos.

Con la derrota de las tropas argentinas el gobierno cívico-militar se desmoronó. En 1983, el Gral. Bignone le entregó la banda presidencial al candidato electo, Raúl Alfonsín. Argentina retornaba al sistema democrático. Sin embargo, las heridas de esa guerra aún no han terminado de cerrar y las Malvinas continúan en manos de Gran Bretaña.