lunes, 28 de agosto de 2017

A 175 años del tratado de Nankín y fin de la Guerra del Opio. Reino Unido ocupa Hong Kong

Por Maria Laura Brito
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Al finalizar la Primera Guerra del Opio (1839 -1842), el Imperio Británico y la dinastía Qing firmaron un tratado de paz que tuvo graves consecuencias para el gigante asiático y que marcó el curso de los próximos años, plagados de desafíos.
La firma del acuerdo tuvo lugar el 29 de agosto 1842 a bordo del navío de guerra británico HMS Cornwallis, en aguas de Nankín. El representante británico fue Sir Henry Pottinger  y por China, Qiying, Ilibu y Niujian quienes labraron el acuerdo que constaba de trece artículos y que, más tarde, fue ratificado por la reina Victoria y por el emperador Daoguang.
Entre los puntos acordados, Pekín debía pagar una indemnización de 21 millones de dólares en un plazo de tres años con un interés anual del cinco por ciento y debía abrir los puertos de Cantón, Xiamen, Fuzhou, Ningbo y Shangai al comercio exterior, lo que derivó en que, una gran cantidad de ciudadanos ingleses compraran propiedades en esas zonas. Asimismo, las tasas aduaneras debían disminuirse entre un 60-70%, hasta reducirlas a un simbólico 5% sobre el valor de las mercancías, con lo que las manufacturas británicas terminaron inundando el mercado chino. También se estableció inmunidad jurídica para los súbditos británicos, que no podrían ser juzgados por magistrados locales, sino por su propio cónsul.
Sin embargo, uno de los puntos más destacados de este tratado, fue el que obligaba al gobierno Qing a ceder a Gran Bretaña la isla de Hong Kong, de la cual Henry Pottinger fue su primer gobernador. De esta forma, el Imperio Británico ganaba la pulseada de seguir comercializando opio en territorio chino. Para Gran Bretaña, el contrabando del estupefaciente significaba una fuente de ingresos considerable y servía para equilibrar su balanza de pagos con China, al compensar el gasto de las ingentes cantidades de té importado.  
Esta situación impulsó a otros Estados a buscar beneficios similares a los obtenidos por Inglaterra y muy pronto, Estados Unidos, Francia y Rusia forzaron a China a firmar diversos convenios de carácter parecido. Dichos acuerdos recibieron la denominación de “Tratados Desiguales”. Como consecuencia de esto, en 1860, China se vio apremiada a abrir otros once puertos al comercio exterior con el correspondiente menoscabo de su soberanía.
Estos tratados dieron lugar a una nefasta situación comercial para China que duraría casi cien años: fue recién en 1920 que China logró recuperar sus tarifas aduaneras aunque la cláusula de extraterritorialidad se mantuvo hasta 1943.
Todo ello, contribuyó a grandes desacuerdos sociales, políticos y económicos dentro del país, que se evidenciaron en la volatilidad de distintos grupos civiles, desencadenando una serie de conflictos tales como la Rebelión Taiping, a mediados del siglo XIX, la Rebelión de los Bóxers, a principios del XX, y la posterior caída de la Dinastía Qing en 1912. El resurgimiento del gigante asiático tardaría varios décadas más en alcanzar su desarrollo actual.

martes, 15 de agosto de 2017

A 70 años. 15 de agosto de 1947. El Raj Británico obtiene su independencia y es dividido en India y Pakistán

Por: Juan Martin de Chazal


En 1947, se independizó el territorio que, durante siglos, fuera la joya del Imperio Británico. Este hecho se encuadra en el contexto histórico del proceso de descolonización de Asia y África, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial; un proceso que fue, indudablemente, uno de los mayores fenómenos del siglo XX y que supuso la finalización de la hegemonía europea en el mundo.
Contrariamente a la mayoría de las independencias coloniales, el caso del subcontinente indio se llevó a cabo mediante una vía no-violenta, sustentada en los principios de resistencia pacífica y desobediencia civil implementados por el abogado y luchador por la libertad Mohandas Karamchand Gandhi, llamado mahatma (alma grande).
Desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial, el líder y sus adeptos llevaron a cabo una serie de acciones que en un principio fueron respondidas con una represión que no hizo más que desacreditar internacionalmente a Londres y sumar adhesiones al movimiento. Por otra parte, además de debilitar la posición británica, los boicots y los movimientos en masa fortalecieron la identidad nacional india, condición endógena indispensable para el sueño de la independencia. De este modo, en la década de 1930, el territorio fue dotado, gradualmente, de un importante nivel de autonomía hasta que, la Segunda Guerra Mundial, aceleró el proceso independista. En 1942,  se llevó a cabo el movimiento “Abandonen la India”, que fue una de las acciones más organizadas y definitivas para lograr el objetivo final. Con un Reino Unido muy desgastado por la guerra,  los acontecimientos se precipitaron y el gobierno laborista de Clement Attlee, considerando como inevitable la independencia, anunció su decisión de realizar un traspaso del poder antes de junio de 1948.
Sin embargo, en contra de las esperanzas del propio Gandhi, la tan anhelada libertad se realizó al precio de la división del subcontinente debido a la gran conflictividad religiosa entre las poblaciones que lo habitaban. Esta situación, hizo que Lord Mountbatten, último virrey de la India, elaborara un plan de partición, a partir del cual se crearon dos entidades políticas completamente diferenciadas: la Unión India, país de mayoría hindú, y Pakistán, de mayoría musulmana. Finalmente, el 15 de agosto de 1947 el documento por el que se proclamaba la independencia fue entregado al primer ministro indio Jawaharlal Nehru. La división se hizo efectiva y los nuevos Estados pasaron a formar parte de la Commonwealth británica.

A partir de entonces, el gran problema entre ellos fue la integración de las minorías religiosas en los territorios y la cuestión en torno a la región de Cachemira. Es por ello que las relaciones entre ambos países han estado marcadas por actos de violencia y una tensión que perdura hasta la actualidad. 

sábado, 5 de agosto de 2017

A 105 años de la fundación del partido Kuomintang en China

Por: Augusto Gabriel Arnone


Antes de analizar este hecho histórico, es imprescindible remitirnos primero, al contexto de la época, pues, en ese momento, en la actual República Popular China, se iniciaba el proceso de su gestación como Estado. Efectivamente, y a partir de la gran revolución de 1912, el país transformó su régimen de gobierno y, más adelante, moldeó sustancialmente su carácter político, social y económico.

Kuomitang significa "Partido Nacionalista de la población China" y fue fundado en 1912, por el ímpetu del líder revolucionario Sun Yat-sen, que logró derrocar al antiguo y obsoleto imperio, gobernado por la dinastía Quing. De hecho, la Revolución de 1912 en Wuchang, intentó imponer la modernización para el Estado chino en un "tono" occidental.

Los primeros tiempos de este partido fueron complicados debido a que, en 1913 fue disuelto por Yuan Shikai quien – como presidente de la nueva república -  aspiraba a imponer un sistema inconstitucional y tiránico. Como Yuan Shikai no tenía la mayoría en la Asamblea Nacional, decidió alzarse con el poder y suprimir todas las asambleas locales que él mismo había creado, convirtiéndose así en un emperador de hecho.

Bajo su gobierno, estallaron varios focos revolucionarios, encabezados por jóvenes de gran liderazgo, que aspiraban a deponerlo. En esas circunstancias, se conformaron otros partidos políticos que se unificaron e intentaron recuperar el poder. Sin embargo, este intento falló, debido a que no tenían control sobre todo el territorio chino. En 1916, falleció Yuan Shikai y asumió la presidencia Sun Yat-sen, quien tenía grandes expectativas para unificar el país. Sin embargo, esto no fue posible debido a que China quedó fragmentada en diversas regiones que fueron conquistadas por los "señores de la guerra"; jefes locales que poseían mucho poder y que, con sus ejércitos, controlaban las áreas rurales.

Esta situación derivó en que, a fin de fortalecer su posición, el Kuomintang decidió buscar apoyo fuera de China. La ayuda llegó de la recién creada URSS y del  Komintern, lo cual impulsó – de manera paralela - el desarrollo del Partido Comunista chino (PCCh), liderado por Mao Tse Tung. Más adelante, ambos partidos conformarían el denominado Primer Frente Unido, cuyo objetivo fundamental fue liberar a China de la autocracia de los señores de la guerra.

Al fallecer Sun Yat-sen le sucedió Chang Kai-Sheck, quien restableció un modelo profundamente autoritario e inició la persecución del PCCh. Cuando sus fuerzas tomaron Beijing (establecida como la capital de China), adquirió gran reconocimiento a nivel internacional.  Años más tarde, el Segundo Frente Unido entre el Kuomitang y el PCCh, hizo frente al expansionismo del imperio Japonés. En 1937, China y Japón entraron en guerra. En 1941, Japón atacó a los EEUU y entró en la Segunda Guerra Mundial.

Hacia 1947, el PCCh se había fortalecido notablemente, no solo desde el punto de vista ideológico, sino también a nivel logístico y armamentístico. Pero lo más importante, había crecido significativamente en su base de apoyo social. Esto hizo que se sintiera en condiciones de enfrentarse al poder constituido, lo cual dio inicio a la guerra civil. A pesar de lo podría suponerse, las tropas del gobierno fueron derrotadas y Chang Kai Shek abandonó el territorio para refugiarse en la isla de Taiwán, donde estableció un gobierno autoritario que, con el apoyo de los Estados Unidos, le permitió crear un nuevo Estado al estilo occidental, que contribuyó durante décadas a controlar el expansionismo comunista en la región. Así se crearon las dos Chinas: la Republica de China en Taiwán de corte nacionalista y la República Popular de China de tinte comunista.

Desde entonces, la República Popular ha reclamado la anexión del territorio insular, el cual se ha negado rotundamente a esta incorporación, identificándose como un Estado soberano que no tiene ni tendrá, relación alguna con dicha república.


Para concluir, es imprescindible remarcar la importancia que tuvo la formación del partido Kuomitang. En primer término, porque ejerció un papel clave en el proceso revolucionario inicial; en segundo lugar, porque puso fin a la era imperial que, sus políticas arcaicas y tradicionalistas, estaba conduciendo a China a la ruina. De hecho, fue el Kuomintang el que logró por primera vez, crear una identificación partidaria nacional, cohesionar a la población bajo una misma clave ideológica y encaminarla hacia la unificación, en base a un sistema constitucional y de valores compartidos. La idea principal de su líder Sun Yat-sen había consistido en eso, un régimen de partido único centralizado en donde se aplicaran los “tres principios del pueblo”: el nacionalismo, la democracia y el sustento de la población; tres principios que constituirían la piedra angular para hacer de China una nación libre, próspera y poderosa.

viernes, 7 de julio de 2017

A 80 años del incidente en el puente de Marco Polo. Inicio de la 2° Guerra Sino-Japonesa

Por: Liz Guyot  


Finalizada la Primera Guerra Mundial, Japón aún con sus excesivos deseos de dominar el territorio asiático, provoca el Incidente del Puente de Marco Polo, teniendo como primer objetivo apoderarse de China. Desde, aproximadamente, 1931, los japoneses venían estropeando al Imperio Chino, ya que lo consideraban una nación débil y clave para el control de la masa continental asiática, y es por ello que sabotearon parte del Ferrocarril de Manchuria del Sur y condujeron una emboscada contra sus ejércitos.

Japón, en septiembre de 1931, había conseguido imponer un régimen títere conocido como Manchukuo a sabiendas de que China no se encontraba en favorable posición de responder a tal agresión, por lo que optó por cambiar su estrategia a espacio por tiempo y reorganizar el ejército nacional, consolidando su infraestructura y economía. Esta situación de poderío permite que los japoneses, al tener en su poder tierras ricas y fértiles, incursionen sobre el territorio y avancen rápidamente hasta las puertas de Beiping (hoy conocido como Beijing). Para comienzos de  1932, habían logrado ocupar tres provincias chinas de Manchuria; esta zona era estimada por su vital ubicación estratégica y económica.

En la noche del 7 de julio de 1937, los japoneses prepararon otro avance más hacia el territorio chino, efectuando al atardecer de ese día una maniobra con proyectiles, mostrando una explícita intención provocativa, cerca del acantonamiento de las tropas chinas en el Puente de Marco Polo, las cuales se vieron obligadas a defenderse. A horas de las noches el Ejército japonés anuncia que uno de sus soldados “ha desaparecido” en la maniobra y exigió un registro en la ciudad de Wanping, solicitud que fue rechazada por la policía local; de tal denegación el jefe de inteligencia  japonesa amenazó que las tropas sitiarían la ciudad y entrarían a la fuerza.

Las autoridades chinas se pusieron de acuerdo en realizar una investigación conjunta. En tanto y en cuanto se llevaban a cabo las negociaciones, la parte nipona se enteró que aquel soldado desaparecido  había vuelto a su cuartel, pero aún así insistió en que las tropas chinas se retirasen de la ciudad.

A la madrugada del día 8 de julio, el ejército invasor disparó cañonazos contra la ciudad de Wanping y el ejército chino tuvo que oponer resistencia. Este hecho fue el estallido total que marcó la guerra de resistencia anti japonesa del pueblo chino. No se trató de una confrontación local ni de un percance, sino un plan bien diseñado y preparado. Este evento trágico no sólo trajo consecuencias desastrosas para China sino que también para Asia y el mundo entero.


miércoles, 5 de julio de 2017

A 210 años de la Segunda Invasión Inglesa de 1807

Por: María Sofía Zelaya 


El llamado proceso de descubrimiento y posterior conquista del actual territorio de la República Argentina comenzó en el siglo XVI. Desde entonces fuimos gobernados por hombres designados por los altos mandos españoles que residían en América y que contaban con la aprobación de la Corona Española, dicha institución había bautizado esta región como el Virreinato del Rio de la Plata. Este proceso estuvo caracterizado sobre todo por la resistencia de los pueblos originarios a ser despojados de sus costumbres y ser obligados a evangelizarse. El mayor interés de España era la comercialización en términos de subordinación con sus colonias, y el territorio argentino no fue la excepción.

A comienzos del siglo XIX el Reino Unido se encontraba en plena Revolución Industrial, lo que la convertía en la economía más productiva de toda Europa, posicionándose en el mercado como exportadora de productos manufacturados. Paralelamente, Napoleón Bonaparte comenzó un proceso de expansión para transformar a Francia en un Imperio. Dentro de los hitos más importantes encontramos que: en 1786 se firma el Tratado de Versalles que puso fin a la dependencia norteamericana respecto a los ingleses, dicho proceso fue fielmente apoyado por Francia y España. Para 1806 Napoleón ya había conquistado gran parte del territorio europeo y formo alianzas con otros tantos. Para garantizar la absoluta fidelidad con el Imperio Francés, Bonaparte da aviso del Decreto de Berlín. En dicho documento, Napoleón prohibía a los países conquistados y a sus aliados establecer relaciones económicas con el Reino Unido, territorio que todavía no podía penetrar. Frente a esta disposición, los ingleses se vieron obligados a tomar medidas para salvaguardar su economía, es por esto que el parlamento junto con el primer ministro y el rey decidieron que sus puntos de contacto iban a ser: las colonias. Los motivos que impulsaron a Inglaterra a invadir el Virreinato del Rio de la Plata ya estaban claros: el bloqueo económico sufrido por Bonaparte y las intromisiones de Francia y España en Norteamérica apoyando su independencia. El fin era despojar a España de sus colonias en el sur de América, región rica en recursos y riquezas. A fines del siglo XVIII William Pitt asume como Primer Ministro del partido de los Toris. Pitt estaba especialmente interesado en la ocupación de las colonias en América del sur.

Es así como llegamos a definir las invasiones inglesas como una serie de expediciones militares por parte de la corona británica que atacaron el virreinato del Rio de la Plata a principios del siglo XIX. Dichas invasiones fueron dos. La primera en 1806, en la cual el Reino Unido ocupo el territorio actual de la ciudad de Buenos Aires para ser vencido 45 días después por milicias provenientes de Montevideo junto con tropas populares criollas, proceso al que en Argentina conocemos como: La Reconquista. La segunda fue en 1807, en donde las milicias inglesas fueron automáticamente rechazadas cuando intentaron tomar Buenos Aires, victoria que vino de la mano de tropas regulares y milicias urbanas por el Virreinato del Rio de la Plata, proceso que en Argentina conocemos como: la Defensa.

Los británicos llegaron a el actual territorio de la provincia de Buenos Aires buscando recursos y riquezas que ayudaran a cubrir su falta de materia prima y así poder sustentar las necesidades básicas que le generaban su rápido crecimiento industrial y la guerra que mantenía con Francia, creyendo que los habitantes del Rio de la Plata iban a ser fáciles de vencer. Pero se encontraron con otro panorama, los criollos a falta de la protección de la Corona Española armaron sus propias milicias y derrotaron a las tropas inglesas en vía de sus ansias de independencia. Las Invasiones Inglesas fueron tomadas como un motivo más para tomar la decisión de emanciparnos de la corona española.

sábado, 1 de julio de 2017

El retorno de Hong Kong a China por parte del Reino Unido

Por: Paula María Espinosa


El 1 de julio de 1997, se produjo la devolución de la Isla de Hong Kong a China, colonizada 155 años por el Reino Unido. El traspaso de la soberanía fue acordado en 1984 por la primera ministra británica, Margaret Thatcher y Deng Xiao-Ping, líder de la República Popular China.

Hong Kong fue adquirido por el Reino Unido en 1842 a través del Tratado de Nankín, y ratificado en 1860 por el Tratado de Pekín, donde se aumentó la superficie por la incorporación de nuevos territorios, y por el Convenio para la extensión de Hong Kong en 1898.

La Guerra del opio, o guerras anglo-chinas, fueron el origen de la colonización. Sucedieron de 1839 a 1842 y de 1856 a 1860. El conflicto  sucedió debido  a los intereses comerciales de China y del Reino Unido donde se comerciaba opio desde las Indias Británicas hacia China, y este último quería imponer sus leyes, que no lo afectaran económicamente, contra el comercio del opio, esto es lo que desató el conflicto. En la segunda etapa de la guerra, Francia se alió a Gran Bretaña para luchar contra China. La derrota de esta los llevó a aceptar obligadamente el comercio del opio y las reglas impuestas por parte de los países occidentales. China tuvo que abrir sus puertos al comercio internacional desde una posición desventajosa ya que debían cobrar aranceles muy bajos a los productos occidentales por lo tanto llevaba a la ruina de la producción local y debido a esto los extranjeros tenían una posición privilegiada en el país.

Finalizadas las Guerras del Opio, China firmó con el Reino Unido, Francia, Rusia y Estados Unidos, los Tratados Desiguales. Desde su firma hasta 1870, fue la fase de dominación del imperialismo de libre comercio británico. Desde 1870 a 1905 se dio una profunda rivalidad imperialista, debido a la paz armada y esto condujo al empeoramiento de las  condiciones de vida local. Desde 1905 hasta 1943 fue la etapa más prospera donde se desmantelaron las condiciones de dominación.

En 1912 con la conformación de la primera República China, con Yuan Shikai a la cabeza, la isla de Hong Kong fue un lugar de exilio. Durante la Segunda Guerra Mundial, Hong Kong pasó a manos de Japón, y fue un centro militar. Pero con la derrota de estos, los ingleses la recuperaron de nuevo. Además durante la guerra civil entre nacionalistas y comunistas fue utilizada como región de exilio nuevamente.

La devolución significaba para China terminar la unificación y consolidar el orgullo nacional, era la isla financiera más importante. La incertidumbre se debía a un solo país con dos sistemas, comunismo y capitalismo, descrito por Den. Pero durante 50 años desde el traspaso de la soberanía, se prometió un alto grado de autonomismo y el estilo de vida capitalista. Además de esto mantiene su propio sistema legal, pero a partir de 2047, Pekín será quien tendrá la última palabra en la cuestión.

jueves, 22 de junio de 2017

Guerra del Líbano 1982

Por: Maria Emilia Hassan

Hace 35 años Israel invadió Líbano con el objetivo de eliminar los miembros de la OLP en ese país.
En junio de 1982, el embajador de Israel en Gran Bretaña, Shlomo Agrov, sufrió un intento de asesinato ejecutado por hombres partidarios de Abu Nidal, terrorista palestino escindido de la Organización para la Liberación de Palestina.
Días después del atentado, el 6 de junio de 1982, tropas israelíes penetraron en suelo libanés. A pesar de que el servicio de inteligencia israelí había advertido que los responsables del atentado en Londres no fue perpetrado por los miembros de la OLP, sino por hombres leales a Abu Nidal, el gobierno israelí, bajo la dirección de Menahem Begin, actuó con la intención de sofocar los ánimos de lucha de la organización creada por Yasser Arafat.
La idea era desplazar unos 40 kilómetros aproximadamente  hacia el norte del límite libanes- israelí – hasta las ciudades de Tiro y Sidón- a las milicias de la OLP, que desde hacía años hacían llover cohetes katiusha sobre las poblaciones israelíes.
La guerra árabe-israelí de la década de los 40, provoco desplazamientos masivos de refugiados palestinos. Para el año 1975, había alrededor de 300.000 palestinos, entre ellos, se encontraban los integrantes de la OLP que articuló en sur Libanés su propia base con 15.000 hombres, tanques, cañones y artillería.
La permanencia sionista en el Líbano provoco la gestación de grupos como el Hezbollah, con un mensaje inalterable hasta el día de hoy “combatir a Israel”.
La masacre en Sabra y Shatila en Beirut fue el legado de la invasión. Posteriormente, se estableció un alto al fuego impulsado por fuerzas multinacionales, con la participación de Estados Unidos, para supervisar la retirada de la OLP del Líbano.
Sin embargo, el ministro de defensa, Ariel Sharon, denunciaba la presencia de centenares de milicianos de la OLP, encubiertos en los enclaves palestinos de Sabra y Shatila.
Las fuerzas israelíes no entraron a esos campos para terminar con el supuesto remanente de guerrilleros, pero permanecieron  inmóviles  frente a los ataques desplegados por los falangistas cristianos viejos rivales de los palestinos.

La invasión de 1982 culmino diez años más tarde, cuando el ejército israelí se retiró completamente. Mientras permanezca esa voluntad de guerrear en los corazones de los hombres,  como diría Hobbes en el Leviatán, no será posible lograr la paz.